“Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición”
- Steve Jobs -
Cuando un “amigo” me convenció de pagar a Telefónica por el hecho de disfrutar de un teléfono móvil, de marca Panasonic, lo normal era mirar a los poseedores de este peculiar artilugio como apestados por el hecho de disfrutar de un avance tecnológico singular. Presumido, grosero e incluso grotesco eran los calificativos más decorosos que tenía que soportar (si los escuchaba) el poseedor de tan curiosa tecnología de parte del resto de viandantes, que ni por asomo acababan de comprender para que demonios nadie quería llevar un teléfono consigo mismo a todos lados. ¡Qué les voy a decir a ustedes de como es la cosa hoy en día!
Recuerdo también cuando se empezaban a generalizar los elevalunas eléctricos entre los coches de los españolitos de pro. “Semejante chorrada” ó “se estropea rápidamente” eran comentarios habituales entre los defensores a ultranza del darle a la manivela para subir y bajar las ventanas de su coche. Supongo que eran otros tiempos.
Hago memoria y me encuentro también con la panda de nostálgicos del vinilo. De esos todavía hay muchos, no les echo nada en cara, quede constancia, tiene su encanto coleccionar viejos formatos musicales con ruido de tormenta ahogada de fondo, sin duda. Me refiero al rechazo generalizado que provocó en su lanzamiento el cd a favor de los maravillosos vinilos de toda la vida. “Chorradas y excentricidades de esos gansos tecnólogos“.
Se me vienen a la cabeza multitud de ejemplos más. Podría rellenar varios artículos con las negaciones que se le han hecho a la tecnología en un país como este, España, que no es precisamente vanguardia ninguna de esta noble artesanía, que lo es, al menos del silicio. Debe ir en nuestros genes, debemos ser conservadores, que se yo, no soy sociólogo, simplemente constato un hecho: nos asustan los cambios tecnológicos, no los acogemos con frescura, con naturalidad, es más, nos posicionamos rápidamente en contra de ellos o como poco, rezumamos escepticismo creyendo que nos están vendiendo la burra.
De un tiempo a esta parte, con aquello “del Internet”, como todavía alguno denomina a la red, he visto cargar contra el comercio electrónico: “Nunca triunfará en España”. Contra las falacias que vierten al mundo todos los descerebrados que tienen un blog. También he oído decir que jamás estaría allí (redes sociales), para convertirse luego en el más empedernido “spameador” del lugar e incluso alguien fue capaz de decir que no escribía más porque los jodidos piratas de sus lectores preferían leer su libro de una manera que a ella no le gustaba (uff, cuantas pistas).
Hace tan solo cuatro años, muchos amigos y conocidos miraban hacia otro lado cuando les hablaba de las posibilidades que les brindaría disponer de una conexión a Internet en casa. “Rarito” les oía cuchichear a mis espaldas mientras sonreían con una mueca que intentaba disimular sus verdaderos pensamientos. ¡Oigan -les digo ahora-, déjenme trabajar, cierren sus facebooks, sus twitters y demás inventos, que no son horas!
También es mítico el “nunca tendré un ordenador en casa“. Oye, pero… ¿y tus hijos? “Lo que tengan que estudiar que lo hagan en la escuela” [típica frase de hijo vendedor de enciclopedias]. Ejem, gracias a ese que ya no conozco a nadie de esa guisa. Por suerte, solo era cuestión de tiempo, o de Facebook, según se vea.
¿Porqué nos cuesta tanto asumir los cambios tecnológicos? ¿Miedo? ¿Desconocimiento? Hoy en día hay varias industrias que se oponen al cambio efectivo en su manera de hacer las cosas. Estas tienen poder, tienen derecho a decir no a base de euros, dólares o lo que se precie, pero no nos damos cuenta de que los tiempos cambian y que nuestra televisión no volverá al blanco y negro. No hay vuelta atrás. Coge la ola o deja que la marea te lleve. Tu decides. Yo ya he decidido, por mucho que lo idolatré y lo elevé a los altares, ya no uso el ordenador que ilustra este artículo.
Una revisión del gran trabajo de George Lucas al frente de su inigualable “La Guerra de las Galaxias“, hoy en día no podría llegar hecha de otra manera que de forma colaborativa. Casey Pugh y Jamie Wilkinson fueron los precursores: “hagamos una versión de La Guerra de las Galaxias con ayuda de quien quiera apuntarse al proyecto a través de Internet“. La petición no cayó en saco roto, miles de personas se apuntaron al proyecto que ahora ve la luz, con el beneplácito del mismo George Lucas.
Legos, disfraces baratos, otros más trabajados, la CNN, el aura de Paris Hilton… realmente asombroso. Merece la pena echar un vistazo a las múltiples versiones de R2D2 que aparecen el film o a algún disfraz de Chewaka que hace temer por la posible existencia del BigFoot. No hay más palabras que lo puedan definir, vean… “Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana“.
Megaupload es una anécdota. El fondo es mucho más preocupante. ¿Cuanta gente guardaba datos allí? ¿Dónde guarda usted sus datos? ¿Google Docs, Dropbox…? ¿Quién le asegura que cualquiera de ellos se interviene cuando a estos cuatro les de la gana? ¿Y los datos? Más allá de la culpabilidad o no de la empresa, que digo yo, eso lo tendrá que decidir un juez, ¿qué hay de los datos que los usuarios han dejado en sus manos? ¿Dónde queda ahora la confianza del consumidor? De la privacidad ni hablamos.
No se usted, yo ya estoy haciendo copia de seguridad de mis datos en Facebook, en Google Docs, en Dropbox y en multitud de servicios en los que he confiado hasta hoy. He confiado en servicios de calidad, en personas y empresas, que por supuesto estaban en disposición de poder irse al garete, pero aún así confiaba en el señorío de los que están por detrás. Si algo pasa, no nos venderán de un día para otro. Con estos no hay señorío que valga, si quieren acabar con algo, se cercena de raiz, duela a quien duela y caiga quien caiga. Corran a guardar sus datos a buen recaudo. Maldita manera de cerrar las puertas al progreso.
Relacionado: La batalla final por la libertad – No hay que perder el norte - Si no querías SOPA, taza y media
Miércoles, 18 de enero de 2011, un día histórico para este modesto medio. Por primera vez desde su creación, allá por 2007, no ha estado accesible para su lectura. Lo cierto es que no es del todo correcta esta afirmación, ya que toda la estructura interior del mismo (noticias, categorías, etc.) seguían aquí. No así la portada, que lucía tal y como ven en la imagen que acompaña a estas letras. Los más puristas dirán que es imposible, que seguro que en algún momento se habrá caído el servidor y bla, bla. Efectivamente, como a todo hijo de vecino, el servidor o el propio wordpress se me ha venido abajo en algún momento, por fortuna, gracias a RedCoruna, la empresa de hosting que mantiene esto online, las ocasiones han sido pocas y rápidamente subsanadas. El caso es que un día entero y más por voluntad propia, nunca. Jamás. De los “jamases”.
¿Qué ha tenido este día para parecerme especialmente importante? Dos razones. Una, la fundamental, la huelga programada por muchas otras páginas de Internet en protesta por la Ley SOPA, una aberración de dimensiones incalculable, al igual que la Ley SINDE, la segunda razón, una ley que se aprobó con alevosía un 30 de diciembre y que me cogió, como a tantos, con una gamba en una mano y sidra el gaitero en otra. Ha sido el día de decir NO a ambas.
Internet va camino de parecerse al patio de recreo de la base naval de Guantánamo. ¿Se acuerdan? Estas leyes y las que te rondarán, morena, vienen a proteger a cuatro individuos que tienen como “leitmotiv” cambiar el mundo para su propio beneficio. El progreso no va con ellos, los cambios tampoco. Se agarran con uñas y dientes a modelos de negocio caducos por los propios avances tecnológicos y es tal su poder, que han comprado a nuestros gobiernos para saltarse a los jueces, que malvados ellos, dictaminaban en su contra una vez si y otra también.
No les voy a aburrir con más monsergas, ya tienen la información en dos artículos recientes: La batalla final por la libertad y No hay que perder el norte. Solo déjenme puntualizarles de nuevo y recordarles a todos aquellos que leyeron el segundo artículo, que vooLive.net no cerró por el todo gratis, apagué vooLive.net para que nadie lo pueda apagar gratuitamente en el futuro y para luchar por la libertad en el acceso a la información, a la cultura, a las ideas y a la educación. Cuatro individuos no deberían dictaminar lo que tiene que hacer la población, esos tiempos, los de las dictaduras, ya pasaron. Hoy para bien o para mal, nuestra democracia se sustenta en la comunicación, en la libre circulación de la información y en el derecho al libre enriquecimiento cultural. En resumen y para dummies, pagar si, censurar no.
No se cuando me aficioné a la astronomía, mis recuerdos son vagos, pero con 8/9 años ya me ilusionaba imaginándome detrás de un telescopio observando el cielo nocturno. He leído y releído libros sobre astronomía, he visto series de televisión y documentales mil sobre el tema. En Internet devoro información sobre esta temática y este medio tiene en su sección Astronomía, más actividad que en cualquier otra. Me apasiona, me fascina, me atrae…
No importa mucho el dato exacto, pero ya han pasado unos cuantos años desde entonces. Nunca he tenido en mis manos un telescopio y he decidido que hasta aquí hemos llegado. “Ta y tantos” más tarde, ya es hora de dar rienda suelta a una de mis mayores aficiones nocturnas y adquirir el ansiado aparato.
Es curioso. Eres un aficionado a la astronomía desde niño y en el momento de comprar el aparato por antonomasia para disfrutar de esta apasionante ciencia, descubres que no tienes ni idea de ningún detalle técnico para tomar decisión alguna sobre que telescopio comprar. Toca preguntar y aprender. Dos semanas llevo en tales menesteres.
Y aquí tienen hasta el momento al único finalista, un Skywatcher N200/1000 BD NEQ-5. ¿Las premisas? Un telescopio de aficionado pero que no se quede corto para alguien muy aficionado. Inicialmente nada de GOTO (automatización en el movimiento), todo manual, como me han recomendado para aprender su manejo, pero preparado para ponerle la automatización en cuanto se estime necesaria. Lo suficientemente potente para ver a un buen tamaño Jupiter y Saturno y poder otear galaxias y nebulosas. Luminoso para su rápida adaptación visual (F5) y adecuado para la astrofotografía.
La última de las características ineludibles es que fuera lo más asequible económicamente posible y dentro del diámetro (200mm) y la distancia focal que tiene (1.000mm) creo que he dado con un telescopio muy ajustado en su relación calidad precio. Ustedes, los que saben más de esto dirán. Se admiten sugerencias, aún estamos a tiempo.
“El hombre en una especie narcisista por naturaleza, hemos colonizado hasta el último rincón de nuestro planeta, no somos la cúspide de la llamada evolución. Ese honor le corresponde a la cucaracha, capaz de vivir durante meses sin alimento y durante semanas si le arrancas la cabeza. Resiste la radiación. Si dios se ha creado a si mismo a su imagen y semejanza, entonces yo declaro que Dios es una cucaracha”
- Mohinder Suresh en la serie Héroes -
El martes hablábamos aquí de lo que se está cocinando con el recorte de derechos en lo que a libertad de información y demás se trata. Hoy vengo a puntualizar, a matizar algún detalle que quedó sin aclarar.
Veo en redes sociales varias que el enfrentamiento puede equivocar a ambos bandos. Debe ser una generalidad de todas las batallas. Se equivocan los que han aprobado la Ley Sinde, por lo que ya hablamos y se equivocan algunos que están al otro lado. Me explico.
Al grito de cultura libre parece que estamos creando en la red un reducto para el gratis total. No. La cultura debe ser libre en los casos en los que el autor/es así lo decidan. En caso contrario, estos tienen todo el derecho del mundo a cobrar por su trabajo, poco o mucho, oferta y demanda. La consigna de la batalla no es esta ni mucho menos, si yo creo contenidos, que lo hago, yo decido en que formato los publico y si estos tienen un precio, otro o ninguno. Si creo un contenido que estimo que no tiene coste lo difunto, como lo hago diariamente aquí en vooLive.net. Si creo un contenido que pienso que es susceptible de tener un precio, estoy en el mismo derecho, como usted lo está en comprarlo o no. Oferta y demanda de nuevo.
Lo que no es de recibo es que los creadores de contenidos masivos, los que controlan el mercado, fuercen al mercado a consumir lo que ellos quieren en el formato que ellos quieren, más aún cuando su formato ha quedado obsoleto, ha sido barrido por los avances tecnológicos y solo existe ya por la fuerza de las diversas industrias que están interesadas en sustentarlo.
Los intermediarios están matando el valor del producto. En un entorno digital como en el que nos movemos hoy en día, que un autor se quede con el 8% de los beneficios es un absurdo que los más avispados están empezando a cambiar. Hoy en día si un intermediario se está quedando un 50 o un 60 por ciento del valor de la obra publicada, está engañando al autor y está encareciendo sobremanera el producto final. ¿Por qué? Porque hay otros soportes que han venido a quedarse, porque el usuario final está cambiando sus gustos, porque el verdadero valor de la obra está en la propia obra y no en el soporte en el que se difunde.
¿Era justo hace unos años que un cd de música costara 20€? No. Y no voy a entrar a valorar el contenido, que en la mayoría de los casos haría vomitar al más pintando. Si el cd valía 20 euros era para lucro de una industria que tenía el monopolio de la distribución de la música. Valga el ejemplo para el cine y los libros también, por poner otros dos ejemplos.
Yo ya no quiero música en cd. Yo tampoco quiero “morrallas” de discos cuando sabemos y saben, que sólo una canción, a lo sumo dos, merece la pena. Quiero esa canción. Y quiero que me la cobren de manera justa. No quiero pagar lo que vale el cd que no compro, tampoco a ningún transportista y de los distribuidores ni hablar. Quiero pagar a la tienda que lo vende, que evidentemente tiene que tener sus beneficios y por supuesto quiero pagar sobretodo al autor o autores que crean eso que tanto me gusta. Las sanguijuelas que hasta ahora han vivido de la intermediación sobran en este mundo digital donde la línea entre autores y consumidores es totalmente recta. Si no es así, encontraré la música, quiera Sinde o no.
Yo quiero ver series de televisión buenas pero mi tiempo no se adecua al de las televisiones. Su modelo publicitario es muy lucrativo, pero lamentándolo mucho, la tecnología ha cambiado. Déjenme ver la serie que me gusta cuando yo pueda y busquen la manera de ganar dinero con ello, que yo estaré encantado de pagar si el precio me parece justo, claro. Si no la encontraré, quiera Sinde o no, quiera el gobierno de turno o no.
Yo quiero leer libros. Mis estanterías están a rebosar de fantásticas historias que me han emocionado o interesado durante muchos años. Hoy tengo dispositivos en los que puedo almacenar cientos de libros sin que ocupen espacio, puedo irme de vacaciones con tres o cuatro libros sin ocupar la mitad de una maleta. No soy un nostálgico que necesita tocar el papel, me gusta disfrutar de lo más importante, el contenido. Cuando aparecieron los libros electrónicos en España, su precio era el mismo que los tradicionales ¿? Yo quiero leer ebooks, pero no quiero pagar el papel, ni los transportes, ni a mil y un intermediarios, quiero pagar a la librería que me los vende y sobre todo al autor o autores que son los principales protagonistas del cuento. Hoy en día, un libro de bolsillo (con su imprenta, su transporte y su distribución), sigue siendo más barato que un libro digital que no tiene ninguno de esos costes. ¿Me toman el pelo? Si me toman el pelo, encontraré el libro, quiera o no quiera Sinde, el gobierno de turno o las industrias que tan interesadas están en parar el progreso y que todo siga igual.
No equivoquemos todos el camino. No a la cultura gratis por supuesto, sería una hecatombe socio-económica de magnitudes considerables. Todo tiene su precio. Adecuen sus industrias al siglo XXI y lo que ustedes llaman piratería será su mejor marketing. Si yo puedo ver, leer y escuchar lo que quiero, en el formato que quiero y cuando quiero, no duden que pagaré por ello. Si me quieren vender lechugas a precio de caviar, ustedes mismos.
Al resto, a los del todo gratis, les diría que trabajaran un par de meses sin cobrar. Si hombre, tu trabajo también es cultura, enriquece nuestro país con tus conocimientos. Hazlo gratuitamente, se generoso con la comunidad. ¿O será que es todo gratis, menos lo mío? No perdamos el norte.
PD: Por cierto, si pinchan en la imagen que acompaña este artículo, podrán comprar esos maravillosos muñequitos de futurama a un precio muy atractivo. Por cierto también, yo no cobro comisión alguna ni por venta, ni por recomendación, ni por nada parecido. Me ha dado por ahí hoy.

















