La ONU recomienda comer insectos para combatir el hambre en el mundo. Dentro de nuestras fronteras se nos recomienda trabajar más, cobrar menos, tener más impuestos y tener menos derechos. Alemania recomienda más austeridad, apretarnos hasta la asfixia los cinturones. Rajoy nos recomienda paciencia y los obispos nos recomiendan rezar. El Rey recomienda prudencia y los ministros recomiendan no salir a la calle a protestar no vaya a ser que la cosa vaya a peor.
Algunos iluminados en Europa, esos que no han sabido alertar de la que nos caía encima y que tampoco saben como salir del atolladero, recomiendan ahora eliminar las monedas de uno y dos céntimos, el objetivo más allá de ruinosas escusas, aplicar un segundo redondeo al alza de los precios. ¿No sería mejor eliminar la de dos céntimos y poner en valor real (tamaño, color y forma) la de un céntimo?
Otros iluminados, que en Europa hay muchos, recomiendan el contrato único para España cuando es una modalidad que vendría a ser como un experimento con gaseosa y perdonen, no es que esté en contra de esto en particular, pero los experimentos podrían empezar con países en mejor situación que la nuestra, digo yo.
Hace pocos días a muchos se nos quedó la cara de esa manera cuando sin más ni más, el telediario de Televisión Española, recomendaba a los parados rezar para combatir la ansiedad, describiendo los beneficios balsámicos de poner una vela en el altar.
Ante tanta recomendación interesada e insensata, me van a perdonar que no me explaye mucho, ya que la respuesta ante este tipo de delirios colectivos ya la patentó hace muchos años mi querido Fernando Fernán Gómez: Señores, váyanse ustedes a la mierda.
Este fin de semana moría una de las voces más peculiares de este país. Presentador, locutor y enorme actor de doblaje que supo dar personalidad propia a nombres tan ilustres como Clint Eastwood, Roger Moore o Arnold Schwarzenegger. Constantino Romero nos deja muchas cosas en el recuerdo, una de ellas, su crítica al momento actual que vivimos y que queda resumida en el vídeo que encabeza estas líneas con palabras de Leonard Cohen. “Sayonara Baby”, “alégrame el día” con tu legado.
“El que te habla de los defectos de los demás, con los demás hablará de los tuyos”
- Denis Diderot -
Vaya como estamos, nos guste o no nos guste diariamente nos levantamos con ganas de que todo esto que nos rodea haya sido un mal sueño al más puro estilo Antonio Resines en “Los Serrano”, pero nada, no hay tregua, las cosas son como son y a estas alturas, después de un par de llagas por los pellizcos de rigor para comprobar el estado de realidad o ilusión, queda claro que el subconsciente no tiene nada que ver, esto es la realidad.
Fue una mierda de final el de aquella serie, para que lo vamos a negar, pero vamos, después de bregar algo más de cinco años en el desconcierto en el que vivimos, ¿quién no lo firmaría? Borrón y cuenta nueva, aquí no ha pasado nada. Vaya pesadilla, chico.
La realidad es que prácticamente todos nuestros estamentos necesitan una re-fundación para que volvamos a echar a andar, que no correr de momento y podamos empezar a ver la luz al final del túnel. Y digo re-fundación porque no me gustaría salir del túnel y encontrarme con otro igual de largo que este, que ya está bien, ¿no les parece?
Yo personalmente me encuentro diariamente de bruces con la realidad en la radio, camino del trabajo, veinte minutos dan para mucho. Dan para comprobar sin necesidad de pequeñas auto-mutilaciones que no seguimos durmiendo, que seguimos jodidos y que pinta tiene que va para largo. Políticamente hablando ¿qué les voy a contar? Yo que siempre me consideré como un “rara avis” porque ni de aquí ni de allá, sigo y seguiré sin comprender nunca a las masas, esas que votan pase lo que pase a un lado o a otro. Hasta aquí nos ha traído esta peculiar costumbre este país del Barsa-Madrid y de Izquierda y Derecha. ¿Cómo se puede hacer abrir los ojos a la militancia acérrima? ¿Cómo os puedo explicar que otra España es posible? Muchas cosas tienen que cambiar sí, pero primero tenemos que cambiar nosotros, ya saben aquello de “el que no llora no mama”, pues eso, sigan ustedes con su bi-partidismo o bi-ideología, sigan ustedes así y acabaremos todos por aclamar como grande el patético final de los castizos “Serranos”.
Lamentablemente, el problema es que este no es nuestro único problema. Por estas latitudes tenemos muchas cosas que re-fundar, muchas de ellas están en manos de esos que votan ustedes como la educación, el apoyo a la innovación y al emprendimiento, la salud y demás que ya saben y que tanto comento yo por aquí, pero no tiremos balones fuera, vale que no hemos tenido la educación y los estímulos necesarios para crear, innovar y emprender, pero ya va siendo hora de ponernos las pilas como vulgarmente se suele decir y cambiar también nuestros modelos empresariales.
Les explico por si no se han percatado. Vivimos en una profunda reestructuración económica y social, impulsada o fomentada por la digitalización de nuestra sociedad y el final de una era llamémosla “analógica”. Esto no quiere decir que nos empapamos de los fundamentos que rigen el proceso digital y ya está, ni mucho menos, esto va de cambios profundos en la manera de hacer las cosas desde los sacrosantos pilares organizativos de cada una de las empresas de este país.
Partiendo del hecho de que no vivimos en un sueño y el reajuste económico tan grande que estamos soportando es real, la gestión tal y como la conocíamos hasta el momento ya ha cambiado y todos nosotros nos tenemos que adaptar de una manera u otra. Aquí no hay una varita mágica del conocimiento, cada sector, cada negocio tiene sus propias “idiosincrasias”, pero si hay unos planteamientos generales que podemos tener en cuenta a la hora de empezar a adaptarnos a la situación:
1. Las cosas ya no son como eran. Si lo interiorizamos habremos dado un paso de gigante en el camino correcto, ya que darse cuenta de que la situación ha cambiado, obliga a cambiar nuestras formas de hacer las cosas.
2. Los buenos tiempos [no] volverán. Todos los días me encuentro con el optimista de turno que espera con ansia la vuelta de los tiempos de bonanza. No cabe duda que algún día volverán en particular para determinados sectores y/o empresas, pero piensa que no va a ser así para tu sector o empresa y nuevamente tendrás mucho ganado. Si te equivocas no pasa nada, los buenos tiempos por venir premiaran por si solos a tu negocio, si no te equivocas, empezarás a combatir tu propia crisis sectorial, tu propia crisis de negocio con pautas diferentes y seguramente necesarias en los tiempos que corren.
3. No niegues ni te opongas a nuevas formas de gestión. Dependiendo del estado del negocio, quizá sería más conveniente aplicar más o menos medidas, pero una cosa queda clara, o cambiamos de tercio o al final el toro se nos lleva por delante. Innova no solo en productos y/o servicios, innova en gestión.
4. Deja las guerras en solitario para el que quiera morir en el intento. Hoy en día la colaboración y las relaciones interempresariales son fundamentales. Ante la perspectiva de cambios en los negocios y las dificultades que ello implica sobre todo en empresas consolidadas de sectores “en peligro”, unir fuerzas, conocimientos, actitudes y sobre todo compartir ideas, son acciones de las buenas de cara al futuro. La guerra por tu cuenta en entornos hostiles es peligrosa, el mamporro puede venir por cualquier frente y los frentes son tan amplios…
5. Si te ha ido muy bien y ahora te va mal, achaca si quieres parte de la situación a la crisis, pero no olvides ni por un momento que otra parte puede ser culpa tuya. En cambios socio-económicos profundos, hay modelos de negocio que o se adaptan o desaparecen, más pronto o más tarde, no lo olvides: desaparecen. Piensa que puedes hacer para adaptarte, piensa en la realidad actual y cambia pequeñas o grandes cosas para ver cómo responde el mercado. Eso sí, con conocimiento de causa, tuyo o externo, no tengas miedo a recurrir a terceros, cuartos o quintos.
6. Fórmate en fórmulas nuevas de gestión, aprende de que va eso del “Lean”, los “Canvas” o lo que demonios haga falta. Ponte al frente de tu empresa y empuja aplicando lo que consideres adecuado que haya que aplicar, después de haberte formado e informado bien, claro.
7. No hagas caso de recetas mágicas para todos. Recela de los que te nombren a las primeras de cambios cosas como “sal de tu zona de confort“. No hay un camino único a seguir, cada sector, cada empresa, cada empresario, cada trabajador tendrá su propio camino y no olvides que este no será de tierra, piedras o cemento, será digital.
Ya ven, si miramos hacia nosotros mismos, seguro que tenemos mucho por hacer de forma individual y por supuesto también de forma colectiva, para abandonar este lodazal en el que nos hemos metido. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros (en conjunto) tenemos el poder de elegir a nuestros representantes y a la vez elegir nuestras formas (en particular) de hacer las cosas.
De un tiempo a esta parte no paro de ver y escuchar a muchos “animadores” expresar la necesidad de abandonar la zona de confort para buscar el maná del emprendimiento. Esta tendencia se revalorizó a raíz de la aparición de un magnífico vídeo que incluyo en la sección más información de este artículo y que venía a decir que para lograr triunfos notables tenías que perder el miedo a dejar lo que conoces o controlas para adentrarte en un camino desconocido en el que te pueden ocurrir cosas maravillosas que aún no conoces porque no has estado allí.
Vamos por partes. Está bien el asunto en su base, obviamente para lograr grandes hitos necesitamos abandonar de alguna manera nuestras formas de hacer tradicionales e innovar y crear nuevas fórmulas que nos lleven al deseado éxito. En la zona de confort se han instalado y se instalan muchas personas y empresas que por desconocimiento o miedo a lo desconocido, tienen una tarea muy complicada para avanzar y proponer nuevos modelos tanto personales como empresariales. Aquí tenemos todos una barrera social o educativa. España no es un país que se haya caracterizado por su empuje hacia el emprendimiento o la innovación, aquí somos más de funcionariado y de inmovilismo, lastre que llevamos anudado al cuello de nuestro país y que nos mantiene en la cola europea en estos menesteres.
Es cierto que tenemos que cambiar. Primero como sociedad. Recuerdo cuando nuestro niño con 6 años se le ocurrió crear un mercadillo de juguetes usados y le alentamos para que llevara su emprendimiento hasta el final. Realmente nos impresionó su capacidad de gestión del asunto a la que solo aportamos el inigualable sabor de la limonada para fomentar las visitas al pequeño stand. El solo involucró a un equipo de amigos que ayudaron y participaron de los beneficios del proyecto (mínimos y controlados por nosotros) y realmente se lo pasaron fantásticamente bien buscando rentabilidad a una idea, en este caso el aprovechamiento de unos recursos (juguetes) que para ellos ya no tenían atractivo.
El problema de esta historia fue la cara de algunos padres presentes. Lejos de animar, alentar e incluso participar del juego del emprendimiento, negaron la posibilidad de participar a sus hijos bajo el paradigma: “si mi hijo necesita algo, se lo compro yo”, con ese “deje” de miedo al perroflautismo y con un claro síndrome adquirido de “no me muevo de mi zona de confort”.
Con este pequeño ejemplo, podemos observar la realidad de nuestro país y de la educación recibida, que aportamos ahora a los más pequeños: tú a lo seguro, una carrera, un buen puesto y si acaso prueba con unas oposiciones, que eso es trabajo seguro. No arriesgues, no crees, no innoves, que seguro que te la pegas. Ejem.
Claro que si nos vamos al otro extremo la cosa está igual de mal. Como está muy bonito eso de la zona de confort, pues hala, salgamos todos de la zona de confort hacia la aventura. Espera, vamos por partes. Muchos inversores tecnológicos tienen sus propias normas, normas que transmiten a otros y que se conforman en modas porque a dos les ha ido muy bien haciéndolo así. Vale, experiencias positivas, agudicemos los oídos, aprendamos todos. “Yo salí de mi zona de confort y mira lo que conseguí”. Admirable, no me cabe duda.
Pero ¿cuál es la situación personal de cada uno? Me refiero a ¿se pueden aplicar los mismos métodos independientemente de las personas que los reciben? ¿Cómo empezó a salir el tipo de arriba de su zona de confort? Porque si fue con 500.000 euros bajo el brazo, vía gestión directa o indirecta de “papi bien situado”, perdónenme pero ya no necesito escuchar más. Su consejo debería ser: “búscate un “papi” de alquiler (si el tuyo no llega) que te pueda gestionar pasta y luego sal de la zona de confort“. Mejor.
De todas maneras me hacen gracia estas modas. Después de hablar con multitud de emprendedores, prácticamente todos nos dirán aquello de: “estuve reunido con el inversor menganito y me dijo que tenía que salir de mi zona de confort para jugarme los cuatro euros que tenía y el pan de mis niños para que él invirtiera en mi proyecto, que por lo demás le parecía estupendo“. Está bien, el inversor busca que el emprendedor tenga la mayor implicación posible en el asunto, pero hay un problema aquí, que hay muchos emprendedores que tienen fantásticas ideas de negocio y que están absolutamente capados económicamente para llevarlas a cabo, bien por hipotecas, créditos, imposibilidad de ahorro, fracasos anteriores o lo que sea, por eso acuden a buscar inversión.
Vamos más allá. Inversor, tu que tienes capacidad y te vanaglorias de saber elegir proyectos y personas, ¿por qué no sales de tu zona de confort y te olvidas de modas y demás? Es que el consejo vale para muchos, pero no es válido para otros tantos, ¿saben por qué? Porque cada persona tenemos nuestras cualidades, nuestras fortalezas y defectos y sobre todo nuestra historia, historia que a muchos lastra en su posibilidad de hacer proyectos buenos, malos o regulares. Sal inversor de tu zona de confort y evalúa mejor esas buenas ideas que te llegan, evalúa no solo al proyecto o al emprendedor, sino también a la situación temporal o permanente de la persona que viene a proponerte que ganes mucho dinero con su idea. A partir de ahí, aconséjale salir de su zona de confort si es posible y sino, ayúdale de todas maneras, los dos vais a ganar con ello.
“Los chinos utilizan dos pinceladas para escribir la palabra ‘crisis’. Una pincelada significa ‘peligro’, la otra ‘oportunidad’. En una crisis toma conciencia del peligro pero reconoce la oportunidad”
- John F. Kennedy -
Son de curso legal, cualquiera puede acceder a ellos, pero, ¿dónde están los billetes de 500? Quien dispone de ellos, en efectivo me refiero, no los suele ver (salvo a uno, guardado cerca para auto-elevar el ego y la altivez social de vez en cuando), bien porque están a resguardo en algún lugar preferentemente lejos de nuestras fronteras (los rumores sitúan a Suiza como casero de facto de este tipo de billete) o bien porque se guardan bajo tierra en previsión de males mayores. En ambos casos, las probabilidades de estafa en el caso de haber acuñado en cantidad este tipo de moneda, son elevadas. El común de los mortales se sorprenderá incluso al ver la foto que acompaña, teniendo dificultades para reconocer el billete en cuestión.
¿Para qué se crearon? ¿Para qué se creó un billete con un valor de más de 83.000 de las antiguas pesetas? Simple y llanamente, para elevar a los altares de la gloria a eso que todo el mundo conocemos como dinero en B o simplemente dinero negro. El billete de 500 es el estandarte de todos aquellos que se vanaglorian con sus chorizadas ante la risa idiota del escucha que no sabe, no comprende que el cantamañanas de turno, lejos de provocar risa por sus artimañas y pillerias, debería provocar rechazo y asco porque es el sustento del desastre patrio.
¿Por qué no se eliminan? Porque el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
¿Quieren saber más? Eliminar los billetes de 500 euros: ¿Otra vía del BCE para impulsar la economía? - ¿Ayudaría a reactivar la actividad empresarial la eliminación de los billetes de 500 euros? - Rubalcaba pide suprimir los billetes de 500 euros para frenar el fraude - Y por si nunca en su vida ha visto un billete como el que ilustra este artículo, aquí la wiki-historia del mismo.

Fuente: El País
Con un gobierno más preocupado de agradar a nuestros vecinos alemanes y de cuadrar los grandes números, la situación socio-económica española se está convirtiendo en una enfermedad crónica en nuestro país. Una enfermedad que se antoja larga y que tendrá muchos efectos secundarios, como los que ya hablábamos ayer aquí.
Recortes, contención del gasto y ahogo económico es la propuesta que tenemos encima de la mesa. Propuesta que nos ha llevado a la cifra record de 6.202.700 parados, un 27,16% de la población activa, de los cuales más de la mitad (3,49 millones de personas) llevan más de un año buscando trabajo y un tercio (2,09 millones de personas) tienen ya la desgracia de superar los dos años en el paro sin conseguir por ninguna vía, pan para ellos y para sus hijos. Una vergüenza.
¿Cuánto tiempo vamos a seguir así? Nos cuenta el gobierno que no pasa nada, que sus previsiones son las de revertir la situación a finales de año. No se lo creen ni ellos mismos, nuestro país necesita un cambio en la manera de hacer las cosas y lo necesita ya. La última reforma laboral ha supuesto una sangría para España de dimensiones descomunales. Es hora de decir ¡Basta ya! Es hora de acabar con recortes dirigidos hacia la población, es hora de recortar de otro lado, la herida social ya es demasiado amplia para que siga sangrando. Hay que cambiar. Ya.
El gobierno debe olvidar su soberbia y recordar cuál es su función, servir a los ciudadanos, no ahogarles sistemáticamente a base de políticas austeras que no tienen ninguna base económica para salvar la situación en la que nos encontramos. La macroeconomía se tiene que ajustar de otras maneras, diga lo que diga Merkel y cía. Es el momento de pensar en cada uno de esos 6.202.700 parados (y los que vendrán) para facilitar su reincorporación al mercado laboral. Es el momento de dinamizar a empresas y emprendedores para facilitar la tarea de reducción del paro, primando, incentivando, facilitando… no ahogando en un desierto de austeridad que tiene contra las cuerdas a gran parte del entramado empresarial español.
Es el momento de pensar en que estamos haciendo mal, para revertirlo ya, sin dilación, sin pensar en otra cosa, ya que no solo nos estamos jugando el pan de más de un 27% de la población, nos estamos jugando el futuro de un país que bajo esta forma de hacer las cosas solo tiene un color, el negro. Cambiemos, todos. Empecemos todos a emitir un pequeño grito que aumente propagándose entre la multitud, empecemos todos a decir al gobierno y a la oposición: ¡Basta ya!
“España aún posee un gran capital de ciencia e innovación. Está en el noveno puesto mundial en términos de número de publicaciones, y alberga excelentes grupos de investigación y centros de investigación [...] Si Rajoy realmente quiere hacer de la ciencia una prioridad, debería coordinar urgentemente las acciones de los ministerios de Economía y Hacienda, con el fin de evitar que la investigación y el desarrollo sigan sufriendo las consecuencias de estas draconianas medidas de austeridad. Los compromisos internacionales deberían ser respetados, las convocatorias deberían resolverse en plazo, los fondos asignados deberían llegar y distribuirse en tiempo, y deberían dar permiso para contratar a nuevos investigadores en el sector público (actualmente solo se ha dado permiso para contratar a una persona nueva por cada diez jubilaciones, pero ni siquiera estos porcentajes tan bajos pueden cumplirse en algunos centros)“.
Es la revista Nature, una de los iconos mundiales de la comunicación científica, la que arremete, una vez más, contra los recortes en la materia que estamos sufriendo en España. Lo hace a través de un artículo titulado Spain’s science policy needs a U-turn y del que tienen su análisis en Español en ‘Nature’ pide “un giro de 180 grados” para la Ciencia en España.
El estrangulamiento de la ciencia española es un hecho que lastrará nuestro desarrollo en las próximas décadas, pero desgraciadamente no viene solo. La apuesta del gobierno por la reducción indiscriminada de los pilares de lo que debería ser un país desarrollado en el siglo XXI (educación, ciencia, tecnología, emprendimiento y salud) no nos ofrece hasta el momento más que el desconsuelo de ver como estamos hipotecando nuestro futuro y la certificación de convertirnos definitivamente en un país de servicios ligados al turismo y a ser posible rescatar al sector inmobiliario que tantas alegrías ha dado a muchos en el pasado.
Sin la adecuada educación y no se engañen, que no la tenemos, nuestros hijos no competirán de igual a igual con el resto de mercados internacionales, volverán a ser, como ya lo somos ahora, una de las generaciones peor preparadas de Europa. Y cuidado, que aquí nos empiezan a adelantar países por derecha e izquierda. Política de pan para hoy, hambre para mañana.
Sin ciencia no somos nada. La ciencia abarca a todos los sectores ya que son los avances científicos los que nos permiten mejorar nuestro conocimiento y nuestras aplicaciones, desde las más básicas hasta las más avanzadas. Siempre nos quedará comprar al exterior si aquí no somos capaces de investigar. Lamentable consuelo.
Sin tecnología no comprendemos los cambios sociales que se producen a nuestro alrededor y no podemos generar riqueza asociada a nuestros tiempos. Todo nos llega de fuera y fuera van varios años por delante en aceptación y comprensión, porque lo que es en generación tecnológica, nos separan décadas de los principales exportadores mundiales. Siempre nos quedarán el carro y las vacas.
Cuidar y fomentar el emprendimiento es fundamental a la hora de generar empleo, riqueza e innovación. Sólo por ponerles un ejemplo, EEUU ya tenía leyes que fomentaban la creación de empresas desde mediados del siglo pasado. En España, se plantea una ley para emprendedores en 2013 que con total seguridad, nos seguirá dejando a cola de los países desarrollados en facilidades para crear empresas. Menos mal que viene EuroVegas…
Salud. Recortar en salud es jugar a la ruleta rusa. Los ambulatorios y hospitales españoles cada día están más saturados, tienen menos recursos y cuentan con un personal menos preparado. Para tener educación, ciencia, tecnología y emprendimiento, que no se nos olvide que tenemos que estar sanos.
No es el camino Sr. Rajoy, no es el camino el que inició Aznar fomentando la riqueza rápida inmobiliaria a costa de hipotecar para siempre a los que menos tienen. No es el camino el que continuó Zapatero con su inmovilismo y falta de respuesta desde los inicios de la crisis. Y no es el camino el que está tomando usted Sr. Rajoy. Quizá logre cuadrar las grandes cuentas (si antes no provoca una multitudinaria revuelta), pero a la larga, lo que está usted haciendo es jodiendo a esta y a otra generación de españoles que verán impotentes como pudimos haber sido otra cosa, pero seguiremos siendo lo de siempre, los paletos de pueblo de una Europa de ciudad, con perdón del símil.

















